Resulta que el "saxo" de mi hijo empezó a hacer unos ruidos desacostumbrados y me pidió que le dejara mi coche para ir al trabajo y le llevara el suyo al taller para solucionar el problema.
Esto sucedió el jueves de la pasada semana.
Llevé el coche al taller y me dijeron que hasta el lunes no podían ni mirarle.
¡Que le voy a hacer, paciencia! - me dije un poco fastidiado.
Mi mujer se fue con su hermana al pueblo y yo me tuve que quedar solo para llevar el lunes el coche al taller.
A todo esto, el domingo tuve que desplazarme hasta Villalba a casa de mi hermano. Me di una paliza de viajes en tren, pues salí de Móstoles y allí hube de regresar.
El lunes a primera hora de la mañana llevé el coche de nuevo al taller y allí se quedó. Me dijeron que le mirarían y me darían el presupuesto por teléfono a lo largo de la mañana.
Eran las seis de la tarde cuando me llamaron del taller para darme un presupuesto de 414 euros.
Les dije que si iban a cambiar el coche completo porque el presupuesto me parecía elevadísimo para solucionar simplemente unos ruidos, y me contestaron que tenía mal la bomba del agua y la tenían que cambiar y que como tenían que levantarlo todo era conveniente cambiar también la correa de distribución que ya era vieja. Y como uno no entiende ni palabra de mecánica y solo piensa en la seguridad, dije que estaba bien, que lo cambiasen. Me pidieron que pasara esa misma tarde antes de las ocho a firmarles el presupuesto, porque si no no lo empezaban.
Decidí ir y a las siete y cuarto llegué al taller, situado en un polígono industrial, sin transporte público, después de un largo paseo desde mi domicilio pasando calor y andando deprisa para llegar a tiempo. Cual no sería mi sorpresa cuando el responsable administrativo no estaba en el taller, porque había salido. Pregunté si no había dejado a nadie encargado del presupuesto para que se lo firmase y me contestaron que no, que tardaría poco.
Se prolongaba la espera y me llevaban los demonios. Se fueron todos los trabajadores y solo quedó un señor mayor. Eran las ocho y cuarto cuando apareció el administrativo, venía como de guasa y ni siquiera se excusó, por lo que suavemente le pregunté lo que cobraban en el taller por una hora de trabajo. No sé si me dijo que cuarenta y tres euros, iva incluido.
Le dije que al menos debería descontarme esa cantidad por el tiempo que me había hecho perder esperándole, porque mi tiempo era tan valioso o más que el suyo.
La contestación:"Pues haberse marchado, ya habría venido mañana"
La mía: "¿Para que me hubiera Ud. hecho perder otra hora?"
Después de todo me ha dicho que lo tendrá para el próximo fin de semana.
A esto se llama, señores, "servicio rápido".