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Terra
La Coctelera

La hora

Yendo a Zaragoza un viajante observa que su reloj se ha parado.

Al distinguir a un pastor con su rebaño al lado de la carretera y junto a su burro, decide preguntarle la hora.

El pastor coge con su mano el rabo del burro, lo levanta, y le indica que son las 11,35.

El viajante pone su reloj en hora y continua hacia Zaragoza, donde tras realizar una gestión regresa por la misma carretera.


Al observar a lo lejos que el pastor sigue en el mismo lugar, decide comprobar si realiza la misma operación para conocer la hora.
Y si, efectivamente, vuelve a coger el rabo del burro y levantarlo para averiguar la hora, y que esta coincida con su reloj.

Asombrado le dice:
- Perdone Vd. pero yo había oído que vds. mirando el cielo, las estrellas, etc., llegaban a averiguar un montón de cosas, pero no sabía que se puede saber la hora levantando el rabo de un burro...
¿Es que, quizás su sombra hace de reloj de sol?


- No diga tonterías, hombre. Lo que hago es apartarlo para poder ver el campanario del pueblo.

P. Santos.

LA PIEDRA 2

El Petit Palau


Al abuelo le habían dicho que tenía que ir elegante, porque el día 16 de enero tenían que ir a un concierto al Petit Palau, así que el abuelo había llevado hasta corbata. Efectivamente la mañana del día 16 fue mañana de concierto. Nos desplazamos hasta Barcelona todos en el BMV de papá, que nos dejó junto al Palau, porque él tenía trabajo. Allí nos encontramos con los Michavila que también habían llevado a sus hijos al concierto. Entramos, pues, al Palau, una maravilla de la arquitectura con amplísimas escaleras de mármol y barandales de columnillas doradas. Nos aposentamos en el patio de butacas en dos filas: en la de atrás los mayores y en la delantera los niños. Pronto apareció por los pasillos un fantasma con una maleta. Lo recorría todo mientras unos niños gritaban y se escondían donde podían y otros querían tocarlo. Al fin llegó al escenario y después de recorrerlo minuciosamente, dejó la maleta en un lateral, se dirigió a una puerta y de allí fue sacando un conjunto de músicos con sus instrumentos, que iba sentando en las sillas que estaban colocadas sobre una plataforma dentro del escenario. Empezó el concierto con música muy agradable que aprovechaban cinco bailarines para moverse con gracia, mientras que el fantasma permanecía sentado sobre su maleta. Así fue transcurriendo hasta que en un momento determinado los bailarines cogiendo de los extremos de una enorme funda, destaparon el órgano, al que se acercó el fantasma haciéndole sonar con fuerza. Pero no fue el fantasma el concertista de órgano, porque enseguida se acercó a las bambalinas y sacó al concertista vestido de frac. Mientras este tocaba, el fantasma volvió a las bambalinas y de allí sacó a una serie de saltimbanquis que hicieron toda clase de ejercicios mientras sonaba el órgano. Todos los niños estaban entretenidísimos con lo que veían y oían, pero los saltimbanquis bajaron del escenario y salieron del patio de butacas. De repente la orquesta, órgano incluido, atacó con “El submarino amarillo” mientras una enorme tela azul, semejando una ola, avanzaba sobre las cabezas de los espectadores que la ayudaban a manotazos y con bastante bullicio. La ola avanzaba y retrocedía al compás de la música, pero, cosa curiosa, justo quedó plegada al finalizar la canción. Muchas más cosas podríamos contar del concierto, pero… cuando finalizó, y después de permanecer un buen rato a la entrada del Palau, para que los peques estiraran las piernas y se desfogaran debidamente mientras esperábamos a papá, mamá y los Michavila decidieron que fuéramos a comer todos juntos a un restaurante. Mientras hubo apetito, los chavales estuvieron atentos a su comida, pero en cuanto se saciaron , Pau y su hermana empezaron a pelearse de forma que su papá les tuvo que colocar en los extremos de la mesa, aunque Pau se metió debajo a cuatro patas para seguir chinchando a su hermana.. Así estuvieron hasta que llegaron los postres y comenzaron a hacer los honores a unos ricos helados que ellos mismos habían elegido. Terminada la comida nos despedimos de los Michavila, dimos un paseo y nos dispusimos a regresar a Gelida.

LA PIEDRA 1


Llegó el abuelo.

La buena de Tonia había tenido un nieto, sin esperarlo. Su hija había tenido en secreto su embarazo sin que nadie en la casa notara nada; pero un buen día de enero la empezaron las contracciones, se fue al hospital y la dijeron que estaba de parto. Y ella, ¿qué iba a hacer?, pues lo lógico, lo que hizo: llamar a su madre al móvil y decirla que la habían ingresado en el hospital. Tonia, alarmada, se fue enseguida allí, a ver que pasaba, y se encontró, además de con la hija, con un nieto nuevo. Resulta que en poco tiempo, y tras una cesárea, La enfermedad de la hija había sido un retoño: “el Dani” que solo. comía y dormía… Tonia llamó a la mamá y contó lo sucedido. Dijo que no le quedaba más remedio que atender a la hija y al nieto, pero que no se preocupara, que a sus niños no los iba a descuidar. La llamada a Móstoles de aquella tarde fue para decir a los abuelos lo que pasaba y ver si el abuelo podía echar una mano. El abuelo no lo dudó, y, aunque la abuela dijo que si el abuelo no se veía con fuerzas para ir y atender a los niños se iba ella para allá, dijo que no, que ella tenía su trabajo y que se iba a Gelida a cuidar a los nietos. Dicho y hecho. El quince de enero a las doce de la mañana, tomó el “Alaris” para ir a Barcelona. Su hija, acompañada de sus nietos, se encargó de recogerle en la estación de Sants y trasladarle a Gelida. Allí, el abuelo llevaba a los niños al colegio por las mañanas y los recogía por las tardes, dejándoles jugar un rato mientras merendaban, luego se iban a casa, les dejaba ver un rato los dibujos de la tele, hasta que Tonia les bañaba, cosa que se hacía pronto para que ella pudiera marchar a atender a los suyos. Los niños pedían al abuelo que les contase cuentos y el abuelo transformaba cualquier andanza de los niños en un cuento que les mantenía con la boca abierta durante un buen rato esperando el desenlace final porque ya se habían identificado con el correspondiente personaje. El abuelo preguntó a su nieto un día qué iba a ser de mayor, y el nieto dijo que astronauta, por eso el cuento de aquel día fue sobre la vida del astronauta en la nave espacial. -“Tiene que vivir en tan poco espacio que debe ser muy, pero que muy ordenado. No puede dejar las cosas tiradas en cualquier parte, porque le estorbarían y como no hay gravedad, se quedarían flotando dentro de la nave y podrían dañarle. Tampoco debe estar tocando botones a tontas y a locas sin saber la función que tienen, porque incluso podrían cambiar el rumbo de la astronave y hacer que se perdiera en el espacio, o incluso lanzar al astronauta fuera de la nave…” Durante varios días estuvo el niño ordenando todas sus cosas antes de ir a cenar, porque estaba decidido a ser astronauta.

CAPÍTULO FINAL

Abrió los ojos. Después de mirar a todas partes, se convenció de que nada tenía alrededor, fuera de lo habitual. Sin embargo presentía que algo había,…algo, junto a él, se ocultaba,…algo le hacía estar inseguro. Se levantó despacio y sin hacer ruido. Se sentía vigilado, como si “algo” calibrara sus más leves movimientos. Por eso no se calzó. Ni se vistió. Solo separó la sábana levemente y aguantó la respiración. Fue despacio hasta la cortina del balcón y miró detrás con cuidado de no moverla. Allí no había nada. Se agachó y miro bajo la cama. Solo algunas pelusas de polvo se dejaron ver. No había nada… y sin embargo estaba convencido de su presentimiento. Sonaron las diez en el reloj de la torre y un ruido seco se dejó oír trás de la puerta, seguido de unas pisadas que se alejaban con cierta rapidez. Abrió con prontitud y no vio nada en el pasillo. Solo, apoyada en el quicio, una bolsa blanca, cerrada, descansaba en el suelo. No sabía que hacer si cogerla o no, por eso se quedó observándola. Después de un largo rato se decidió y la levantó del suelo. No tenía un peso excesivo. Decidió meterla dentro y mirar su contenido. La puso sobre la mesa de estudio y vio que la bolsa cambiaba de forma ensanchándose hacia el fondo. Apretó con su mano el exterior y sintió una cosa poco consistente. Decididamente metió la mano para sacarlo y vio enrollarse sobre su brazo una masa informe y gelatinosa que empezó a extenderse cada vez más. ¡No salía de su sorpresa! ¡Imposible reaccionar! Pronto había ganado su hombro y se enroscaba sobre su cuello. Unas largas prolongaciones con uñas salieron de ella y se dirigieron a sus ojos. Vio como amenazadoramente se aproximaban y… dejó de ver. Un fuerte dolor pareció romperle el cerebro, un fuerte y largo dolor que se fue prolongando mientras esos tentáculos barrenaban en su interior y succionaban y succionaban hasta dejar vacía su mente.

Talleres de autos

Resulta que el "saxo" de mi hijo empezó a hacer unos ruidos desacostumbrados y me pidió que le dejara mi coche para ir al trabajo y le llevara el suyo al taller para solucionar el problema.

Esto sucedió el jueves de la pasada semana.

Llevé el coche al taller y me dijeron que hasta el lunes no podían ni mirarle.

¡Que le voy a hacer, paciencia! - me dije un poco fastidiado.

Mi mujer se fue con su hermana al pueblo y yo me tuve que quedar solo para llevar el lunes el coche al taller.

A todo esto, el domingo tuve que desplazarme hasta Villalba a casa de mi hermano. Me di una paliza de viajes en tren, pues salí de Móstoles y allí hube de regresar.

El lunes a primera hora de la mañana llevé el coche de nuevo al taller y allí se quedó. Me dijeron que le mirarían y me darían el presupuesto por teléfono a lo largo de la mañana.

Eran las seis de la tarde cuando me llamaron del taller para darme un presupuesto de 414 euros.

Les dije que si iban a cambiar el coche completo porque el presupuesto me parecía elevadísimo para solucionar simplemente unos ruidos, y me contestaron que tenía mal la bomba del agua y la tenían que cambiar y que como tenían que levantarlo todo era conveniente cambiar también la correa de distribución que ya era vieja. Y como uno no entiende ni palabra de mecánica y solo piensa en la seguridad, dije que estaba bien, que lo cambiasen. Me pidieron que pasara esa misma tarde antes de las ocho a firmarles el presupuesto, porque si no no lo empezaban.

Decidí ir y a las siete y cuarto llegué al taller, situado en un polígono industrial, sin transporte público, después de un largo paseo desde mi domicilio pasando calor y andando deprisa para llegar a tiempo. Cual no sería mi sorpresa cuando el responsable administrativo no estaba en el taller, porque había salido. Pregunté si no había dejado a nadie encargado del presupuesto para que se lo firmase y me contestaron que no, que tardaría poco.

Se prolongaba la espera y me llevaban los demonios. Se fueron todos los trabajadores y solo quedó un señor mayor. Eran las ocho y cuarto cuando apareció el administrativo, venía como de guasa y ni siquiera se excusó, por lo que suavemente le pregunté lo que cobraban en el taller por una hora de trabajo. No sé si me dijo que cuarenta y tres euros, iva incluido.

Le dije que al menos debería descontarme esa cantidad por el tiempo que me había hecho perder esperándole, porque mi tiempo era tan valioso o más que el suyo.

La contestación:"Pues haberse marchado, ya habría venido mañana"

La mía: "¿Para que me hubiera Ud. hecho perder otra hora?"

Después de todo me ha dicho que lo tendrá para el próximo fin de semana.

A esto se llama, señores, "servicio rápido".

La importancia de mi blog

Cuando te quema la soledad y te abate el aburrimiento, cuando físicamente ves que te vas deteriorando día a día y ves que pierdes el interés por las cosas que antes te apasionaban, se te presenta un dilema: sentarte pacientemente a esperar "la parca" o luchar con todas tus fuerzas por combatir al menos tu deterioro mental.
Ahí reside la importancia de mi blog. Buscar de nuevo el interés por las cosas, combatir la soledad, desechar el aburrimiento y... ejercer un nuevo oficio después de muchos años de jubilado.
Y, ¿cómo podré hacerlo?
Primero, ejercitando la mente y dando forma a mis pensamientos, a mis recuerdos, a mis opiniones...
Después, alejando de mi espacio todo lo desagradable que nos muestran, casi en exclusiva, los medios de comunicación, y colocando en su lugar las noticias agradables que se producen todos los días y no se publican en los medios porque no les resultan rentables.
Y, finalmente, escribiendo recuerdos, anécdotas, cuentos y otras narraciones que aparten a quien las lea de la "mísera realidad cuotidiana"
Si de esta manera logro mis objetivos, me sentiré satisfecho.