Llegó el abuelo.

La buena de Tonia había tenido un nieto, sin esperarlo. Su hija había tenido en secreto su embarazo sin que nadie en la casa notara nada; pero un buen día de enero la empezaron las contracciones, se fue al hospital y la dijeron que estaba de parto. Y ella, ¿qué iba a hacer?, pues lo lógico, lo que hizo: llamar a su madre al móvil y decirla que la habían ingresado en el hospital. Tonia, alarmada, se fue enseguida allí, a ver que pasaba, y se encontró, además de con la hija, con un nieto nuevo. Resulta que en poco tiempo, y tras una cesárea, La enfermedad de la hija había sido un retoño: “el Dani” que solo. comía y dormía… Tonia llamó a la mamá y contó lo sucedido. Dijo que no le quedaba más remedio que atender a la hija y al nieto, pero que no se preocupara, que a sus niños no los iba a descuidar. La llamada a Móstoles de aquella tarde fue para decir a los abuelos lo que pasaba y ver si el abuelo podía echar una mano. El abuelo no lo dudó, y, aunque la abuela dijo que si el abuelo no se veía con fuerzas para ir y atender a los niños se iba ella para allá, dijo que no, que ella tenía su trabajo y que se iba a Gelida a cuidar a los nietos. Dicho y hecho. El quince de enero a las doce de la mañana, tomó el “Alaris” para ir a Barcelona. Su hija, acompañada de sus nietos, se encargó de recogerle en la estación de Sants y trasladarle a Gelida. Allí, el abuelo llevaba a los niños al colegio por las mañanas y los recogía por las tardes, dejándoles jugar un rato mientras merendaban, luego se iban a casa, les dejaba ver un rato los dibujos de la tele, hasta que Tonia les bañaba, cosa que se hacía pronto para que ella pudiera marchar a atender a los suyos. Los niños pedían al abuelo que les contase cuentos y el abuelo transformaba cualquier andanza de los niños en un cuento que les mantenía con la boca abierta durante un buen rato esperando el desenlace final porque ya se habían identificado con el correspondiente personaje. El abuelo preguntó a su nieto un día qué iba a ser de mayor, y el nieto dijo que astronauta, por eso el cuento de aquel día fue sobre la vida del astronauta en la nave espacial. -“Tiene que vivir en tan poco espacio que debe ser muy, pero que muy ordenado. No puede dejar las cosas tiradas en cualquier parte, porque le estorbarían y como no hay gravedad, se quedarían flotando dentro de la nave y podrían dañarle. Tampoco debe estar tocando botones a tontas y a locas sin saber la función que tienen, porque incluso podrían cambiar el rumbo de la astronave y hacer que se perdiera en el espacio, o incluso lanzar al astronauta fuera de la nave…” Durante varios días estuvo el niño ordenando todas sus cosas antes de ir a cenar, porque estaba decidido a ser astronauta.